
17 - El remedio
Published online by Cambridge University Press: 11 January 2024
Summary
Una cosa te diré por que veas qué madre perdiste, aunque era para callar,
pero contigo todo pasa; siete dientes quitó a un ahorcado con unas tenacitas
de pelar cejas mientras yo le descalcé los çapatos.
Celestina, acto 7º.Si en aquellos tiempos en que aún se oían resonar los borrascosos gritos de las guerras civiles, y la degradación y malas costumbres, sus compañeros inseparables, aún alzaran su ominosa frente hombres que con la máscara de religión encerraban en su pecho, cual fray Silvestre, depravados y abominables vicios, veíanse también venerables varones que encanecieran observando rígidas las santas costumbres de sus respectivos fundadores; descollaba entre estos el padre Vicente, anciano de más de sesenta años, de instrucción, probidad y virtud conocida y notable; austero para sí e indulgente para los demás, era el consuelo de los infelices, y el amparo de los huérfanos y viudas que a él en sus miserias recurrían, amparo de todos los caballeros de Ronda, y mañoso para excitar su compasión; nadie se atrevía a negar sus piadosas limosnas a los recomendados del padre Vicente. Las dulces palabras, los sabrosos consuelos y las pláticas llenas de pura y espiritual unción estaban siempre bosando de los labios de tan digno sacerdote; en fin, para decirlo de una vez, la humanidad aunada con la santa religión del crucificado guiaban siempre sus acciones.
—He sabido por el doctor Cosme del Pino —dijo entrando— que doña Elvira se halla en la cama aquejada, según parece, de grave mal; ya sabéis cuánto me interesa tan angelical criatura, y así he corrido al instante a indagar lo que hay.
—Efectivamente —le respondió doña Juana—, se halla indispuesta mi hija, mas no creo esté tan grave como el médico piensa.
—Mucho me alegraré.
—Si queréis pasar a verla.
—Con el mayor gusto.
—¡Qué! —exclamó después que se sentó a la cabecera de la enferma— Esta niña no tiene nada; cargada un poco la cabeza, molida, mas todo efecto del viaje; estos peñascos no se andan con la facilidad que los llanos del Guadalquivir; se necesita haber nacido y criádose entre ellos para poder hacerlo sin incomodidad ni molestia; ea, no volváis, hija mía, a salir a más diversiones que tan caro cuestan.
—¡Y tanto! —dijo para sí doña Elvira.
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- El ferí de Benastepar, o los moros de Sierra BermejaEdición, Introducción y notas de Javier Muñoz de Morales Galiana y Daniel Muñoz Sempere, pp. 139 - 142Publisher: Boydell & BrewerPrint publication year: 2023