Antecedentes
Tras el redescubrimiento de Calakmul por el botánico Cyrus Lundell en 1931 y la posterior expedición dirigida por Sylvanus Morley en 1932 (Morley Reference Morley1970), la Carnegie Institution of Washington organizó tres campañas más, destinadas a localizar nuevas ruinas en el área del sureste campechano. Encabezadas por Karl Ruppert como director de campo y John Denison como epigrafista y asistente, los equipos de trabajo se completaron con los cartógrafos J. O'Neill, F. Parris y W. Shepherd en los diferentes viajes (Ruppert y Denison Reference Ruppert and Denison1943), siendo durante la tercera expedición, en febrero de 1934, cuando el grupo llegó hasta las ruinas de Oxpemul, con Parris como encargado de realizar el primer mapa del sitio. A pesar de la localización de estructuras de considerable volumen y monumentos pétreos (entre los que destacaron 19 estelas que se hallaron in situ) en los que todavía se conservaba registro jeroglífico e iconográfico, Oxpemul fue “abandonada” académicamente, volviendo a ser rápidamente engullida por la selva campechana. Setenta años después, en 2004, un equipo de trabajo liderado por Iván Šprajc se adentraba en la región, buscando localizar nuevas ruinas, redescubriendo oficialmente Oxpemul el 22 de abril, tras observar en dirección este desde el cercano sitio de Dos Aguadas, “elevaciones naturales con pequeñas protuberancias que sugerían la presencia de edificios prehispánicos arruinados” (Šprajc et al. Reference Šprajc, Folan and Heredia2005:21).
Situado a unos 25 km al norte del sitio arqueológico de Calakmul (Figura 1), inmerso en la selva subperennifolia de la Reserva de la Biosfera, Oxpemul se ubicó estratégicamente sobre dos mesetas naturales, con elevaciones aproximadas de 324 m snm y 291 m snm. Éstas estuvieron comunicadas, posteriormente, por un sacbé de alrededor de 1,2 km de longitud y 22 m de ancho, que articulaba el asentamiento en dos espacios diferenciados que fueron catalogados como Grupo Norte y Grupo Sur, y que se encuentran limitados por la aguada que circunscribe al sitio hacia el oeste. Hasta la fecha, ocho aguadas y 30 chultunes han sido reportados en Oxpemul, lo que devela la gran importancia que tuvo el control y el manejo hidráulico a través de sistemas de captación de agua, represas, canales, etcétera (Volta et al. Reference Volta, Heredia, Folan, Folan and López2013), tanto para cuestiones agrícolas como para el consumo de la población.
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Figura 1. Mapa base ASTER GDEM2, tomado de METI y NASA y modificado señalando la ubicación de Oxpemul y otras entidades políticas tempranas referidas en el texto.
Gracias a los trabajos arqueológicos desarrollados por el equipo de la Universidad Autónoma de Campeche durante la primera década del siglo veintiuno en los que se mapearon un total de 9 km2 (Domínguez Carrasco et al. Reference Domínguez Carrasco, Espinosa Pesqueira and Higgins2009), se ha podido determinar una larga ocupación que abarca desde el Preclásico medio (Domínguez Carrasco et al. Reference Domínguez Carrasco, Folan, Gates, Heredia, Gunn, López, Robichaux, Volta, Arroyo, Paiz and Mejía2012) hasta el Clásico terminal (Domínguez Carrasco et al. Reference Domínguez Carrasco, Tejero and Higgins2011). En este sentido, desde el punto de vista cerámico, los análisis de materiales de tipo Flor Crema y variedad Peine, tipo Sapote Estriado variedad Añejo y cerámica del grupo Maxcanú, entre otros, han determinado que durante las primeras fases ocupacionales el área sur del asentamiento pudo haber sido la más habitada para, posteriormente, reubicarse la población hacia el Grupo Norte tras la segunda mitad del Clásico temprano (Domínguez Carrasco y Mumary Farto Reference Domínguez Carrasco and Mumary Farto2023). Este sector norte corresponde a un área cívico-ceremonial en la que se localiza un gran número de estructuras que se disponen en torno a plazas y en la que se encuentra el mayor número de monumentos pétreos registrado, siendo, además, la posible ubicación de la corte real tardía de la antigua entidad política. Cabe señalar que es durante el Clásico temprano cuando se percibe un crecimiento demográfico y la máxima extensión de Oxpemul (Domínguez Carrasco et al. Reference Domínguez Carrasco, Tejero and Higgins2011:54) al aumentar el número y el volumen de sus estructuras tempranas, edificadas en un entorno en el que destaca la presencia de recursos naturales como arbustos frutales (Zamora Crescencio et al. Reference Zamora Crescencio, Gutiérrez-Báez, Folan, Domínguez Carrasco, Villegas, Cabrera-Mis, Castro-Angulo and Carballo2012), canteras, aguadas, bajos y la proximidad del río Desempeño.
El descubrimiento en el año 2008 de los fragmentos inferiores de dos estelas con registro iconográfico y epigráfico de características tempranas (Robichaux Reference Robichaux2010), parece reafirmar este posible proceso de reubicación durante la primera parte del período Clásico. Sin embargo, lo anterior no significó el abandono del Grupo Sur, sino que, muy posiblemente, siguió cumpliendo con funciones cívico-ceremoniales durante el período Clásico tardío tal y como se puede inferir por la presencia de las Estelas 18 y 19 ubicadas en frente de la escalinata central de la Estructura XIII.
Procesos de cambio en las tierras bajas mayas del sur
Uno de los procesos de cambio que tuvieron lugar entre los mayas prehispánicos del período Preclásico ha sido relacionado, tradicionalmente, con crisis paleoambientales (Douglas et al. Reference Douglas Peter, Brenner and Canuto2016; Dunning et al. Reference Dunning, Wahl, Beach, Jones, Luzzadder-Beach, McCane and Iannone2014; Hiquet et al. Reference Hiquet, Castanet, Dussol, Nondédéo, Testé, Purdue, Tomadini, Grouard, Dorison, Brysbaert, Vikatou and Pakkanen2022:135), combinadas, probablemente, con un aumento de los enfrentamientos bélicos entre diferentes asentamientos (Alcover Firpi y Golden Reference Alcover Firpi, Golden, Hutson and Ardren2020). Recientes estudios derivados de la aplicación de lidar y prospecciones de superficie, han permitido a los especialistas presentar nuevas consideraciones relacionadas con la disposición espacial de los sitios en las que destaca el aumento de estructuras, aparentemente defensivas. El fenómeno anterior es evidente desde el Preclásico medio en la zona petenera guatemalteca, destacando el conocido caso de El Mirador en donde, previo al “colapso” de la ciudad alrededor de 150 dC (Suyuc Ley y Hansen Reference Suyuc Ley, Hansen, Charlotte Arnauld and Breton2013), se construyó una muralla defensiva de unos 3,2 km lineales que protegía el complejo central-oeste (Morales Aguilar Reference Morales Aguilar, Arroyo and Salinas2013:774), o, mucho más al sur, el sitio de Muralla de León en el que se distinguen edificaciones de tipo circular que bordean el lugar y que sufrieron reestructuraciones durante los siglos cinco y seis dC. Estas pudieron ser funcionales hasta el Clásico terminal, vinculadas, posiblemente, con el control hidráulico por los dirigentes del sitio (Bracken Reference Bracken2023:236) que se encontraba limitado por el lago Macanché. Además, en las inmediaciones de El Zotz, al sur de la cuenca de El Mirador (Garrison et al. Reference Garrison, Houston and Firpi2019), también se ha determinado la existencia de construcciones que los investigadores han definido como “torres de control” dispuestas en áreas geoestratégicas; asimismo, otras edificaciones con características defensivas se han localizado en asentamientos de diferente categoría, como Tintal, Kunal, Xulnal, Cival, etcétera (Hansen et al. Reference Hansen, Aguilar, Thompson, Ensley, Hernández, Schreiner, Ley and Martínez2022).
En el caso del sureste campechano, Flores Esquivel y Šprajc (Reference Flores Esquivel and Šprajc2008:19) reportaron restos estructurales, terraplenes, murallas y fosos, de carácter defensivo en el sitio de Uitzilná, cuya ocupación se remonta al Preclásico medio con cerámica Mamon y Chicanel (Šprajc Reference Šprajc, Arroyo, Paiz and Mejía2012); además, recientemente Webster y Ball (Reference Webster and Ball2021) refinaron la cronología y funcionalidad del terraplén de Becán, fechando su construcción durante el Preclásico tardío, con un uso continuado hasta el siglo siete dC, y categorizándolo como fortificación. Asimismo, otros asentamientos tempranos del área regional se ubicaron sobre elevaciones naturales, próximos a aguadas y bajos como Dos Aguadas, El Zacatal, Los Hornos y Oxpemul, entre otros (Šprajc Reference Šprajc, Arroyo, Paiz and Mejía2012:852). Probablemente lo anterior se deba a que, por una parte, los asentamientos podrían aprovecharse de los recursos hidráulicos para cuestiones agrícolas, tal y como se observa en la cuenca de El Mirador (Martínez Hidalgo et al. Reference Martínez Hidalgo, Hansen, Jacob, Howell, Laporte and Escobedo1999) y, por otra parte, las características fisiográficas de la ubicación les confería una cierta ventaja natural. En este sentido, tal y como señaló Lucero (Reference Lucero2006), la subsistencia de la comunidad y el empoderamiento de los grupos gobernantes dependían, en última instancia, del control y protección de los bienes naturales; por ello, la ecología cultural, entendida como la adaptación de los grupos humanos al entorno natural (Steward Reference Steward1955), se muestra como un factor clave para intentar comprender cuáles fueron las razones que favorecieron el establecimiento y la configuración sociopolítica de estas entidades tempranas y el posterior surgimiento de rivalidades durante distintos contextos históricos (Park Reference Park1936).
El gran crecimiento demográfico y urbanístico que experimentaron los sitios del Petén guatemalteco durante el período Preclásico no pudo mantenerse, debido, posiblemente, a un mal manejo del uso del suelo, combinado con un fenómeno climático en el que aumentaron las temperaturas, dando lugar a condiciones mucho más secas (Wahl et al. Reference Wahl, Byrne, Schreiner and Hansen2007:818), generando un rápido descenso demográfico de los asentamientos en el Preclásico tardío (Hansen Reference Hansen, Matheny, Janetski and Nielsen2012a:260). Asimismo, estudios paleoambientales (Hansen Reference Hansen, Traxler and Sharer2016:342; Torrescano-Valle et al. Reference Torrescano-Valle, Folan, Yanez-Montalvo and Gunn2023; Wahl et al. Reference Wahl, Byrne, Schreiner and Hansen2006, Reference Wahl, Byrne, Schreiner and Hansen2007) y arqueológicos (Acuña et al. Reference Acuña, Matute, Castañeda, Beltrán, Tsesmeli, Arroyo, Salinas and Álvarez2016; Estrada-Belli Reference Estrada-Belli2011; Hansen Reference Hansen, Traxler and Sharer2016) permiten inferir, por una parte, contextos críticos en los que el uso y aprovechamiento de los recursos naturales estuvieron afectados tanto por el crecimiento demográfico como por las oscilaciones climáticas adversas patentes en el registro sedimentario y, por otra, dichos estudios arqueológicos permiten analizar las implicaciones sociopolíticas y culturales (Martin Reference Martin, Traxler and Sharer2016) derivadas de estos fenómenos.
Entre los siglos dos y cuatro dC, la mejora de las condiciones climáticas favorecerá las nuevas dinámicas sociopolíticas en las que los antiguos asentamientos dispersos, posiblemente autónomos y no centralizados, empiezan a configurarse como centros de poder en los que ciertos grupos retoman el control del manejo y redistribución de los recursos, imponiéndose como gobernantes de estas entidades políticas emergentes. Estos nuevos dirigentes, quienes se vinculaban con entidades sobrenaturales que les conferían legitimidad, debían asegurar el sustento, la protección y la prosperidad de la comunidad que encabezaban, por lo que la estratificación social, la interacción entre sitios y los conflictos armados se harán patentes en el registro arqueológico, epigráfico e iconográfico. Esta nueva realidad evidente en sitios del Petén guatemalteco como Tikal (Fialko Reference Fialko, Arroyo and Salinas2013), Uaxactún (Safronov et al. Reference Safronov, Beliaev, Kovác, Špotak, Arroyo, Salinas and Ajú2022) y El Chiquero (Hansen Reference Hansen, Traxler and Sharer2016), entre otros, tendrá su réplica en el área del Petén campechano donde diversos actores sociales son representados, tanto en los monumentos pétreos como en pintura mural con rasgos iconográficos que nos permiten identificarlos como gobernantes en, por ejemplo, El Zacatal (Šprajc Reference Šprajc2010) y Chakjobon (Grube Reference Grube2023).
Superadas las percepciones románticas de las primeras décadas del siglo veinte, cuyas ideas describían a los mayas prehispánicos como pacíficos observadores del cielo (Thompson Reference Thompson1985), la importancia de la guerra como fenómeno político, económico y social durante el período Clásico (Webster Reference Webster2000) ha quedado constatada no sólo en el registro iconográfico y epigráfico de los monumentos tempranos (Kim et al. Reference Kim, Hernández, Bracken and Seligson2023), sino también, aunque en un porcentaje menor, en las edificaciones y los restos bioarqueológicos (Scherer Reference Scherer2017). Por ello, a pesar de que las investigaciones enfocadas en el fenómeno de la guerra entre los mayas prehispánicos han tendido a centrarse en los períodos Clásico tardío y Posclásico (debido al mayor número de referencias en crónicas del siglo dieciséis y registro de tipo iconográfico y epigráfico con los que se cuenta), el reconocimiento de estructuras tempranas de tipo defensivo permite conocer procesos de repunte de enfrentamientos bélicos durante inicios del Clásico temprano, pero además, el hallazgo de monumentos pétreos con registro iconográfico y jeroglífico ilustran la tensión político-social que estaba teniendo lugar en dicho período.
Cautivos en los monumentos tempranos de Oxpemul
Los modelos tradicionales de organización geopolítica basados en el lugar central proponían que a lo largo del área regional se disponían sitios de menor categoría, vinculados políticamente con el centro principal (Marcus Reference Marcus1973). Con base en lo anterior, Oxpemul sería considerado como centro tributario de Calakmul, formando parte del modelo del estado regional de Calakmul (Flannery Reference Flannery1972) desde el siglo ocho dC, al corresponder la fecha que aparece en la Estela 12, 9.15.0.0.0 4 Ajaw 13 Yax, al 20 de agosto de 731 dC (en nuestro calendario y siguiendo la correlación de Goodman, Martínez y Thompson; Martin y Skidmore Reference Martin and Skidmore2012), siendo la primera referencia calendárica que se conocía en Oxpemul en la década de los años setenta del siglo veinte. Además, la presencia de dos posibles topónimos en dos de las estelas de Oxpemul (Estelas 12 y 14) podría reforzar la hipótesis de la inicial relación de subordinación entre ambos sitios, ya que, por una parte, Grube (Reference Grube and Šprajc2008) enfatizó el registro del topónimo de Uxte'tuun, considerado como el nombre antiguo de Calakmul,Footnote 1 y, por otra parte, se registró el signo conocido como “Trono de piedra”, propuesto como topónimo local (Robichaux Reference Robichaux2010) sufijado por el título ajaw, ‘señor o gobernante’. De esta manera, la posible presencia del jeroglífico de Uxte'tuun en dichos monumentos tardíos de Oxpemul sigue siendo considerado por parte de la comunidad académica como un indicador de subordinación política ante la dinastía establecida en Calakmul (Martin Reference Martin2020:285). Sin embargo, cabe señalar que en las inscripciones no hay ninguna cláusula de parentesco o relación que sugiera algún tipo de vinculación entre dichas entidades o entre sujetos procedentes de Calakmul y Oxpemul, por lo que ofrecer una resolución cabal al tipo de relación existente durante el Clásico tardío entre ambas entidades todavía se presenta complicado.
La problemática anterior se basaba en el hecho de que a pesar de que los trabajos arqueológicos desarrollados en Oxpemul por los equipos de la Universidad Autónoma de Campeche develaban ocupación humana temprana en el asentamiento a través del registro estructural y cerámico (Domínguez Carrasco y Mumary Farto Reference Domínguez Carrasco and Mumary Farto2023), la posible configuración sociopolítica del sitio durante el Clásico temprano no se pudo comenzar a vislumbrar hasta el año 2008, cuando fueron descubiertas dos estelas con inscripciones jeroglíficas y registro iconográfico que permiten inferir una temprana organización jerarquizada.
Estos monumentos catalogados como Estelas 22 (Figura 2) y 23 se encontraron en el Grupo Sur soterrados en la falda de una de las estructuras piramidales en las que termina (o comienza) el sacbé que comunicaba los dos grupos arquitectónicos de Oxpemul. Colocadas una a la par de la otra, sólo se conservaron las partes inferiores, previas a la espiga, de ambas estelas.
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Figura 2. Estela 22 de Oxpemul, cara frontal. Foto del autor. (Color en la versión electrónica)
Teniendo en cuenta que, hasta la fecha, todavía no se han encontrado las partes superiores de los monumentos, la disposición de estos podría responder a un posible colapso estructural, a una reutilización como material de relleno de una nueva fase constructiva, o a una recolocación intencionada. Esta última opción es una práctica conocida en otras entidades políticas del período Clásico tardío y terminal, pero no totalmente entendida, como se puede observar en La Milpa (Hammond y Bobo Reference Hammond and Bobo1994), Calakmul o Chactún (Esparza Olguín y Valencia Rivera Reference Esparza Olguín and Rivera2020), entre otros sitios. Además, también se han registrado casos de monumentos partidos, modificados o reusados relacionados con contextos de cambios políticos y sociales asociados a la llegada de nuevos grupos de poder a las entidades (Martin Reference Martin, Colas, Delvendahl, Kuhnert and Schubart2000). Con base en lo anterior, y considerando que las partes superiores de las Estelas 22 y 23 de Oxpemul todavía no han sido localizadas, cualquiera de las posibilidades expuestas podría ser factible, ya que su ubicación, fuera de un espacio de plaza en los que se solían llevar a cabo escenografías de tipo político y ritual (Zalaquett Rock Reference Zalaquett Rock2015) plantea, hasta el momento, más incógnitas que respuestas fehacientes.
Sea como fuere, estos dos monumentos destacan por haber conservado registro jeroglífico e iconográfico en sus cuatro lados, sobresaliendo, para este trabajo, las tres escenas en las que se reprodujeron actos de subordinación que se analizarán a continuación. En ellas se plasma y se repite el mismo patrón iconográfico, distinguiéndose dos figuras representadas: una principal se encuentra de pie y ocupa la mayor parte del monumento, y la otra, situada a la izquierda del espectador, se halla hincada frente a la principal y, por lo tanto, ocupa un espacio menor en la composición.
Desde el punto de vista estilístico, siguiendo los lineamientos propuestos por Proskouriakoff (Reference Proskouriakoff1950), las estelas pueden ser fechadas como los monumentos más tempranos de Oxpemul, encuadrándose dentro del período Clásico temprano, entre los siglos cuatro y cinco dC, al presentar características iconográficas típicas como, por ejemplo, la colocación de las piernas del personaje principal, una un poco más adelante que la otra, con una ligera separación a la altura de las rodillas y con los dos pies siempre apuntando en la misma dirección. Asimismo, otro elemento iconográfico que refuerza el fechamiento temprano de las representaciones es el calzado que visten los personajes principales; clasificados como sandalias, destacan por confeccionarse a partir de lazos anudados en el empeine y a la altura de los tobillos para sujetar la suela, y se caracterizan por carecer de otro tipo de ornamentación; más ejemplos de este tipo de atavío se conocen en monumentos tempranos de Tikal, El Zapote y Uolantun, entre otros sitios.
Además, en las escenas destacan también la presencia de dos efigies, una antropomorfa y otra zoomorfa, que cuelgan de la parte trasera de los cinturones que visten los individuos que están parados; estas son, probablemente, las representaciones de poderosas y vetustas entidades patronas que legitimaban a sus portadores, una de carácter serpentino, destacando su ceja supraorbital en forma de “u”, sus colmillos y su largo hocico, y la otra con características que corresponden con las representaciones más antiguas de la deidad Chaahk (García Barrios Reference García Barrios2008), como la nariz chata, el recogido del mechón de pelo, ceja flamígera, mandíbula superior protuberante con diente, etcétera; este mismo complejo iconográfico se repite en monumentos tempranos de otras entidades políticas como, por ejemplo, Uxbenka, Tikal, Xultún o Yaxha'. Cabe destacar que este tipo de atrezo parece estar fijado por una especie de sujeciones o “cadenas”, prendas a las que se le ha atribuido un rango temporal en las representaciones entre los años 376 y 504 dC (Skaggs et al. Reference Skaggs, Helmke, Spenard, Healy and Powis2017).
Por último, otro elemento iconográfico que nos permite inferir la temporalidad temprana de estos monumentos son los tres personajes que ocupan un menor espacio en las escenas de las Estelas 22 y 23 (sobre los que centraré el análisis del presente escrito); estos pueden ser identificados como cautivos al haber sido representados desnudos, hincando una o ambas rodillas en el suelo, con las muñecas atadas y, en ocasiones, alzando las manos (a modo de sumisión) hacia la figura principal (Baudez y Mathews Reference Baudez, Mathews, Robertson and Jeffers1978; Miller Reference Miller1983) —una manera típica de retratar a los apresados en la iconografía temprana que puede observarse también en los monumentos de sitios como, por ejemplo, Kaminaljuyú y Uaxactún—. En este sentido, llama la atención la similitud de los cánones iconográficos que se observan entre las estelas tempranas de Oxpemul y Uaxactún, como, por ejemplo, en la Estela 19 de Uaxactún (Graham Reference Graham1986:178; Figura suplementaria 1) en la que el cautivo muestra los mismos patrones de representación; en este caso el individuo arrodillado ante el gobernante viste un ornamento en su espalda que podría funcionar como antropónimo del personaje (Safronov et al. Reference Safronov, Beliaev, Kovác, Špotak, Arroyo, Salinas and Ajú2022). Posiblemente, la representación del cautivo junto con su marcador nominal funcionaba como un recurso de identificador social en un contexto de guerra, formando parte estos prisioneros, en muchas ocasiones, de las élites sociales (Early Reference Early2023:4). En el caso de Kaminaljuyú, las representaciones del Monumento 65 han sido consideradas como escenas en las que se presentan cautivos, interpretados como miembros de élites extranjeras (Kaplan Reference Kaplan, Laporte and Escobedo1996:405), que son entregados, posiblemente, como ofrendas sacrificiales (Henderson Reference Henderson2013:215–216). Los análisis anteriores se basan, por un lado, en la comunicación gestual de los gobernantes y, por otro lado, en los ademanes con las manos de los arrodillados y en los motivos iconográficos de sus tocados.
En el caso de los monumentos tempranos de Oxpemul, la falta de las partes superiores de las estelas no nos permite conocer las actitudes de los gobernantes; sin embargo, podríamos considerar que los personajes sometidos podrían pertenecer a las élites de otras entidades políticas regionales, aunque sus identidades y las posibles procedencias de estos individuos no pueden ser determinadas por la falta de cartuchos jeroglíficos y, por la obliteración de los motivos iconográficos superiores de los personajes arrodillados.
Los cautivos de la Estela 23
Como se apuntó previamente, la Estela 23 (Figura 3) es un monumento partido, del que sólo se ha encontrado la parte inferior; ésta mide alrededor de 138 cm en la parte más alta y 80 cm de ancho. Sus cuatro partes han sido esculpidas, la frontal y trasera con escenas que evidencian eventos políticos de representación de cautivos, mientras que las laterales conservan parte de las narrativas jeroglíficas (en proceso de análisis).
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Figura 3. Estela 23 de Oxpemul, cara frontal. Foto del autor. (Color en la versión electrónica)
En la sección frontal el personaje principal se encuentra parado, con sus pies, uno seguido del otro, apuntando hacia la derecha de la escena del monumento; frente a la figura alzada se distingue un cautivo totalmente desnudo, sometido y humillado (incluso mostrando su miembro viril como signo de deshonra), que hinca su rodilla derecha en el suelo en una posición similar a la reproducida en algunos de los prisioneros representados en el Monumento 65 de Kaminaljuyú (Kaplan Reference Kaplan, Laporte and Escobedo1996:1). Sus manos atadas se dirigen hacia el gobernante y están sujetas por las muñecas con una cuerda anudada de la que caen tiras hacia su rodilla izquierda (Figura 4).
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Figura 4. Dibujo del autor del cautivo de la parte frontal de la Estela 23 de Oxpemul.
Aunque el monumento presenta desgaste en su fracción superior derecha, todavía puede distinguirse entre el hombro y la parte inferior de la cabeza del preso un objeto circular que parece rodear su cuello y que podría corresponder a una especie de yugo, un artefacto que en ocasiones se utilizaba como herramienta de sometimiento con los cautivos vencidos —como puede observarse en los paneles de estuco de los cautivos del sitio de Toniná o en los monumentos 5, 7b y 12 de los escalones jeroglíficos tempranos de Dzibanché (Nalda Reference Nalda2004), entre otros—. De la sección de la cabeza todavía se pueden discernir ciertos rasgos faciales, así como algunos trazos que podrían corresponder a su cabello;Footnote 2 sin embargo, lamentablemente, como se indicó previamente, no se han conservado, a diferencia de en otras representaciones de cautivos en monumentos del área maya, cartuchos jeroglíficos o representaciones iconográficas con referencias nominales o toponímicas (Burdick Reference Burdick2016) que nos permitan conocer más sobre el personaje en cuestión.
En la sección trasera (Figura 5) se identifican otros dos sujetos, uno a la derecha de la escena (desde el punto de vista del espectador), de pie, con sus dos piernas separadas a la altura de las rodillas y con ambos pies apuntando en la misma dirección; viste la parafernalia típica de los gobernantes del período Clásico temprano y ocupa una mayor parte del monumento, siendo la figura principal.
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Figura 5. Estela 23 de Oxpemul, cara trasera. Foto del autor. (Color en la versión electrónica)
A la izquierda se representa un cautivo totalmente desnudo, repitiéndose el complejo iconográfico que se muestra en la sección frontal (Figura 6); el individuo hinca en el suelo ambas rodillas frente al gobernante, sus manos están atadas a la altura de las muñecas y las eleva hacia la figura principal a modo de súplica. La cuerda anudada cae hacia sus muslos y de ella parecen surgir lo que podrían ser motivos florales similares a los que se distinguen en las representaciones de los escalones jeroglíficos de los cautivos de Dzibanché, Quintana Roo (Velásquez García Reference Velásquez García and Nalda2004: Figura suplementaria 2; Figura 13). La ruptura que presenta el monumento quiebra totalmente la parte superior del cuerpo del personaje arrodillado por lo que no es posible reconstruir ninguna sección de la cabeza ni de las facciones de la cara; tampoco se puede identificar algún tipo de signo que pudiera sugerir alguna pista sobre su nombre o procedencia. Sin embargo, teniendo en cuenta que la posición corporal del personaje arrodillado y la vestimenta del personaje principal difieren de lo representado en la parte frontal, se propone que se está retratando un evento distinto en el que el gobernante, mecenas del monumento, exhibe a un nuevo sujeto sometido bajo su autoridad.
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Figura 6. Dibujo del autor del cautivo de la parte trasera de la Estela 23 de Oxpemul.
El cautivo de la Estela 22
La fracción inferior que se conserva de la denominada como Estela 22 mide aproximadamente 110 cm en su parte más alta y 90 cm de ancho. A diferencia de la Estela 23, este monumento presenta secuencia jeroglífica tanto en sus laterales como en su parte trasera, siendo este el registro narrativo más largo conocido hasta la fecha en Oxpemul para el Clásico temprano (en proceso de análisis). A pesar de ser un monumento que muestra un gran desgaste en su parte frontal, se puede distinguir una representación iconográfica que sigue el mismo canon que las imágenes analizadas en la Estela 23.
Ubicada en la parte derecha de la estela se encuentra la figura principal, de pie, con una cierta separación de ambas piernas a la altura de las rodillas y sus pies apuntando en la misma dirección. Frente a él se postra un personaje quien podemos inferir, siguiendo el patrón iconográfico de la Estela 23, fue representado totalmente desnudo; éste hinca su rodilla derecha en el suelo y flexiona ligeramente la izquierda, pudiendo distinguirse todavía en la parte inferior de la escena los trazos de un pie arqueado que apoya en el suelo las falanges. Esta identificación del tronco inferior de este sujeto supone una novedad en cuanto a la interpretación realizada en los trabajos de hace una década, pues, debido a la erosión, los investigadores consideraron que los elementos iconográficos que se representaron en esta sección inferior del monumento correspondían a una gran cabeza de un prisionero (Robichaux Reference Robichaux2010:166) y así lo plasmaron en su dibujo lineal (Figura 7).
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Figura 7. Dibujo lineal de la parte delantera de la Estela 22 de Oxpemul (tomado de Robichaux Reference Robichaux2010:148).
Gracias a los nuevos análisis fotográficos en los que, además de la toma de fotografías diurnas y nocturnas, se aplicó la técnica de fotografía digital computacional conocida como Reflectance Transformation Imaging (o por sus siglas RTI), se corroboró la presencia de un cautivo de cuerpo completo y, por lo tanto, con mayores proporciones físicas a lo propuesto en trabajos anteriores (Figura 8).
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Figura 8. Aplicación de software RTI en fotografía de Estela 22 de Oxpemul, cara frontal. Foto del autor.
En este sentido, la parte superior del tronco del individuo muestra una diferencia en comparación con las figuras de la Estela 22, ya que este cautivo parece no elevar sus manos hacia el gobernante, sino que las mantiene a la altura de su pecho; es cierto que en esta fracción es donde se encuentra la mayor degradación del monumento. Sin embargo, la presencia de dos elementos con diseño de volutas que caen hacia las piernas del cautivo permiten inferir que estos forman parte de una soga que ata sus manos —y lo cierto es que se conocen ejemplos iconográficos similares representados en los escalones jeroglíficos tempranos de Dzibanché (Velásquez García Reference Velásquez García and Nalda2004:87), como en el Monumento 5 y Monumento 7a, entre otros—. El gran desgaste que se observa en la parte superior derecha de la estela coincide con la sección de la cabeza del prisionero por lo que no se puede identificar ningún rasgo iconográfico determinante; asimismo, tampoco fueron esculpidos cartuchos jeroglíficos ni otros elementos visuales que nos permitan determinar ni la procedencia ni el nombre del prisionero (Figura 9).
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Figura 9. Dibujo del autor del cautivo de la parte frontal de la Estela 22 de Oxpemul.
Consideraciones finales
Los estudios arqueológicos desarrollados en las últimas décadas en diferentes sitios del área del sur de Campeche permiten inferir una ocupación humana regional desde el período Preclásico; en dicho contexto, se pueden distinguir patrones de asentamiento configurados a partir de adaptaciones al entorno, escogiendo sus ubicaciones en, por ejemplo, terrenos elevados que les proporcionaban, por un lado, protección natural y, por otro, la cercanía tanto a cursos de agua como a zonas de acumulación de este bien, factor fundamental para el desarrollo de los sitios como, por ejemplo, Yaxnohcah (Brewer et al. Reference Brewer, Carr, Dunning, Walker, Hernández, Peuramaki-Brown and Reese-Taylor2017). En este sentido, la necesidad de distribución y organización de los recursos naturales favoreció la conformación de los grupos de poder especializados, que si bien empezaron a constituirse durante el Preclásico medio en los actuales territorios guatemaltecos y beliceños (Hansen Reference Hansen, Boxt and Dillon2012b), posteriormente, comienza a evidenciarse una redistribución hacia el norte y el oeste, como sugieren los recientes hallazgos en el sitio campechano de Chakjobon (Grube Reference Grube2023), el registro de monumentos pétreos con fechas calendáricas tempranas como en El Palmar (Esparza Olguín et al. Reference Esparza Olguín, Tsukamoto and Valenzuela2019), Champerico o Balakbal (Šprajc Reference Šprajc2008), entre otros sitios del sureste campechano, y los estudios bioarqueológicos desarrollados en diferentes entidades políticas de las tierras noroccidentales (Scherer y Golden Reference Scherer, Golden and Iannone2014:214).
Entre los siglos cuatro y cinco dC, en el registro arqueológico de las entidades políticas situadas en el Petén guatemalteco, se constata el inicio de cruentos enfrentamientos entre entidades políticas y grupos de poder que determinarán el devenir histórico de la región; paralelamente en la Reserva de la Biosfera de Calakmul las entidades políticas comienzan a experimentar un crecimiento de las poblaciones y un aumento del volumen de sus estructuras a la vez que se erigen monumentos pétreos. Los dirigentes de estas ciudades posiblemente buscaban el control de los bienes naturales, requisito fundamental para la consolidación de las entidades tras las crisis paleoambientales padecidas anteriormente; dichos procesos críticos habrían favorecido la inestabilidad política y social que se experimentó a finales del período cronológico anterior, un panorama similar al documentado en los momentos finales del período Clásico, cuando condiciones climáticas de extrema sequía (Dunning et al. Reference Dunning, Wahl, Beach, Jones, Luzzadder-Beach, McCane and Iannone2014) potenciaron el proceso de cambio conocido como “colapso maya” (Hoggart et al. Reference Hoggarth, Restall, Wood and Kennett2017).
La representación de cautivos en las estelas tempranas de Oxpemul desvelan un contexto histórico bélico similar al que se experimentó en el Petén guatemalteco desde el siglo cuatro dC, en el que los enfrentamientos militares, previos a la conocida como “Entrada teotihuacana”, alcanzan un punto álgido con las guerras entre Uaxactún y Tikal en las que salió derrotada la primera entidad en algún momento entre 370 y 375 dC (Safronov et al. Reference Safronov, Beliaev, Kovác, Špotak, Arroyo, Salinas and Ajú2022:156–157). La Estela 39 de Tikal registra dicho acontecimiento y representa al gobernante de Uaxactún como cautivo; posteriormente, durante el siglo quinto dC, tanto las narrativas jeroglíficas como las representaciones iconográficas de las Estelas 10 y 28 de Tikal, por ejemplo, vuelven a mostrar a los nuevos gobernantes tikaleños como los grandes caudillos militares regionales al registrar, por una parte, eventos bélicos contra otras entidades políticas como Masul, y, por otra, representar en las escenas a cautivos atados y sometidos ante los gobernantes de Tikal (Beliaev y de León Antillón Reference Beliaev and de León Antillón2013). En este sentido, se debe recordar que, según el contexto, dicha iconografía podría responder a intereses “oficialistas”, es decir, un medio por el cual los gobernantes buscaban legitimarse y enaltecerse ante la comunidad; sin embargo, la representación de cautivos registrada en monumentos coetáneos de otros sitios del área regional campechana, como en la Estela 114 de Calakmul, exponen una posible beligerancia generalizada que coincide con la reivindicación de autoridad de ciertos grupos de poder a través del uso del título ajaw y del adjetivo k'uhul, ‘sagrado’, en el registro jeroglífico.
Por tanto, las representaciones de cautivos analizadas en las Estelas 22 y 23 (Figura 10) de Oxpemul podrían manifestar las relaciones de poder que estaban teniendo lugar desde momentos tempranos entre entidades políticas en el área regional, al mostrar a los dirigentes del sitio su preponderancia a través de la presentación de prisioneros sometidos y humillados. Ahora bien, tal y como se expuso, desconocemos los nombres y la procedencia de estos sujetos, lo que representa un gran inconveniente a la hora de intentar comprender qué tipo de relación política podría haber existido entre, por ejemplo, Oxpemul y el cercano sitio de Dos Aguadas, u Oxpemul y Calakmul durante períodos tempranos. En este sentido, hasta la fecha, en ninguno de los monumentos conocidos de Oxpemul se han conservado referencias ni al glifo emblema de la cabeza de serpiente ni al de Chatahn winik, por lo que evaluar de manera cabal los vínculos existentes entre ambas entidades políticas y los grupos de poder que estaban al frente, todavía se concibe como una ardua tarea. Sea como fuere, el hecho de que durante los siglos cuarto y quinto dC se esté llevando a cabo una renovación del espacio arquitectónico del Grupo Sur de Oxpemul, asociado al levantamiento de estelas con la representación de cautivos, demuestra la relevancia que el propio grupo de poder establecido se atribuía durante la compleja realidad política que estaba teniendo lugar en el contexto regional.
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Figura 10. Dibujos del autor de los tres cautivos representados en (a) la Estela 22 y (b-c) la Estela 23.
Agradecimientos
Este trabajo forma parte de un proyecto de investigación centrado en el análisis de los monumentos de Oxpemul desarrollado gracias a la colaboración con la Universidad Autónoma de Campeche y los miembros del Centro de Investigaciones Históricas y Sociales de la misma institución. Fue el Dr. William Folan Higgins (†) quien me invitó a conocer y revisar los monumentos tempranos de Oxpemul, por ello le estaré siempre agradecido. Lamento que no haya podido apreciar los resultados iniciales de las investigaciones. Dicho proyecto no se podría realizar y continuar sin la inestimable ayuda y apoyo constante de la Dra. María del Rosario Domínguez Carrasco, Lynda Folan y Javier Rivas, ¡muchas gracias! También debo hacerles llegar agradecimientos a los custodios del sitio quienes me acompañaron en los trabajos de campo, me ayudaron y compartieron sus conocimientos: Nery, Cristóbal, Jacinto y Gonzalo.
Declaración de financiamiento
Esta investigación no ha recibido subsidios específicos de ningún organismo de financiación, sector comercial o sin fines de lucro.
Declaración de disponibilidad de datos
Los materiales arqueológicos de Oxpemul presentados en este artículo se encuentran bajo resguardo del CIHS-UAC.
Declaración de conflicto de intereses
El autor declara que no hay ningún conflicto de intereses.